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Violencia y mujeres… – El Sol de Cuautla

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abril 06, 2022

Daniel Martínez

Daniel Martínez
  / martes 5 de abril de 2022
El repunte de la violencia en Cuernavaca difícilmente podría atribuirse al regreso a la ”normalidad” después del descenso de casos de Covid-19. En primer término, nos rehusamos a admitir que la violencia pueda ser considerada parte de la normalidad, a pesar de lo que proponen algunos sociólogos y la mayor parte de los políticos desde el cinismo que suele caracterizar la función pública. En segundo lugar, las cifras de lo que va del año superan con mucho a las que se habían reportado históricamente en Morelos para el mismo periodo, es decir, el 2022 apunta para ser el año más violento en el pasado reciente del estado (desde que comenzó a medirse la incidencia delictiva con los métodos que hoy conocemos y aceptamos como más cercanos a la realidad).
No es sólo la violencia contra la mujer que ha crecido, pero la debemos visibilizar aparte del crimen en general, en tanto a ellas se les ataca por las mismas razones que a los hombres y por ser mujeres; es decir, hay un agravante de género en los crímenes contra las mujeres que involucra cuestiones de odio que deben ser atendidas cuanto antes porque el crecimiento de los crímenes que tienen como víctimas a mujeres, es una evidencia más o menos clara de la descomposición social que padece el país, y particularmente Morelos.
Con esa intención hace años se creó la Alerta de Violencia de Género, un mecanismo que suponía promover la coordinación interinstitucional de las oficinas públicas y organizaciones responsables de proteger a las mujeres de la violencia de que pueden ser víctimas por su condición de mujeres. No era un asunto sencillo porque los gobiernos suelen crear membretes de oficinas frente a problemas reales o sentidos, o por imitación o moda; en este sentido hay estructuras que no tienen más programa que ofrecer conferencias y cursos, otras son incapaces de hacer siquiera eso por carecer hasta de los más elementales recursos. Si a eso le sumamos la complejidad de coordinarse entre oficinas de diversas esferas y niveles de gobierno, la AVG parecía una genial idea. El problema es que se trata de una especie de comité y alguien dijo: “si quieres que un asunto no se resuelva, encárgaselo a un comité”; y mucho más: en un ambiente político tan polarizado como el de Morelos, es más fácil echarse la bolita que asumir la responsabilidad. De hecho, desde que hace casi siete años se decretó la alerta en el estado, a la fecha no ha habido mayores resultados, al contrario, la violencia contra las mujeres ha aumentado sostenidamente desde 2015 a la fecha; en cambio, las discusiones e intercambio de culpas entre los involucrados crecen todos los días. En medio siempre, por cierto, está el Instituto de la Mujer de Morelos, probablemente la única instancia con la autoridad moral que ofrece un proyecto con resultados; pero que como mucho de lo que ofrece resultados en Morelos, ha sido marginado absolutamente por la clase política, ninguneado por las autoridades locales pese a los reconocimientos que ha tenido en el plano nacional. Salvo ellos, que suponen la columna vertebral del sistema de protección para las mujeres, el resto de las instancias involucradas acaso a veces han hecho su trabajo, pero en general, la violencia contra las mujeres ha crecido en todo el estado y no debemos permitirlo.
@martinellito
dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx
El repunte de la violencia en Cuernavaca difícilmente podría atribuirse al regreso a la ”normalidad” después del descenso de casos de Covid-19. En primer término, nos rehusamos a admitir que la violencia pueda ser considerada parte de la normalidad, a pesar de lo que proponen algunos sociólogos y la mayor parte de los políticos desde el cinismo que suele caracterizar la función pública. En segundo lugar, las cifras de lo que va del año superan con mucho a las que se habían reportado históricamente en Morelos para el mismo periodo, es decir, el 2022 apunta para ser el año más violento en el pasado reciente del estado (desde que comenzó a medirse la incidencia delictiva con los métodos que hoy conocemos y aceptamos como más cercanos a la realidad).
No es sólo la violencia contra la mujer que ha crecido, pero la debemos visibilizar aparte del crimen en general, en tanto a ellas se les ataca por las mismas razones que a los hombres y por ser mujeres; es decir, hay un agravante de género en los crímenes contra las mujeres que involucra cuestiones de odio que deben ser atendidas cuanto antes porque el crecimiento de los crímenes que tienen como víctimas a mujeres, es una evidencia más o menos clara de la descomposición social que padece el país, y particularmente Morelos.
Con esa intención hace años se creó la Alerta de Violencia de Género, un mecanismo que suponía promover la coordinación interinstitucional de las oficinas públicas y organizaciones responsables de proteger a las mujeres de la violencia de que pueden ser víctimas por su condición de mujeres. No era un asunto sencillo porque los gobiernos suelen crear membretes de oficinas frente a problemas reales o sentidos, o por imitación o moda; en este sentido hay estructuras que no tienen más programa que ofrecer conferencias y cursos, otras son incapaces de hacer siquiera eso por carecer hasta de los más elementales recursos. Si a eso le sumamos la complejidad de coordinarse entre oficinas de diversas esferas y niveles de gobierno, la AVG parecía una genial idea. El problema es que se trata de una especie de comité y alguien dijo: “si quieres que un asunto no se resuelva, encárgaselo a un comité”; y mucho más: en un ambiente político tan polarizado como el de Morelos, es más fácil echarse la bolita que asumir la responsabilidad. De hecho, desde que hace casi siete años se decretó la alerta en el estado, a la fecha no ha habido mayores resultados, al contrario, la violencia contra las mujeres ha aumentado sostenidamente desde 2015 a la fecha; en cambio, las discusiones e intercambio de culpas entre los involucrados crecen todos los días. En medio siempre, por cierto, está el Instituto de la Mujer de Morelos, probablemente la única instancia con la autoridad moral que ofrece un proyecto con resultados; pero que como mucho de lo que ofrece resultados en Morelos, ha sido marginado absolutamente por la clase política, ninguneado por las autoridades locales pese a los reconocimientos que ha tenido en el plano nacional. Salvo ellos, que suponen la columna vertebral del sistema de protección para las mujeres, el resto de las instancias involucradas acaso a veces han hecho su trabajo, pero en general, la violencia contra las mujeres ha crecido en todo el estado y no debemos permitirlo.
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