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Telarañas Digitales | Poesía digital: ¿cultura para todos? – El Sol de México

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diciembre 24, 2022

Boris Berenzon Gorn

Boris Berenzon Gorn
  / sábado 24 de diciembre de 2022
La llamada “Nueva poesía” o “Poesía de Instagram” ha generado numerosos debates donde sus participantes manifiestan posiciones encontradas. Por un lado, están quienes consideran que es un buen uso de las redes sociales para hacer llegar a grandes cantidades de personas la poesía, y sobre todo, para interesar a la gente joven a leerla y escribirla. Por otro, están personas como Álvaro Salvador Jofre que advierten acerca de su banalización y de la pérdida importancia para la vida en función de los criterios del mercado.
El poeta Manuel Rico cuenta una anécdota en su texto “La nueva poesía y los retos del siglo XXI”, donde durante una cena entre poetas y representantes de la nueva parapoesía; dos youtubers desconocían por completo los nombres de José Hierro o Blas de Otero: “Es decir, autores que están vendiendo, hasta en los supermercados, decenas de miles de libros de versos, reconocieron carecer de un fondo de lecturas y de una memoria literaria y poética que hasta ahora hemos considerado básicos, imprescindibles para abordar la complejidad de un poema o para acceder al patrimonio poético acumulado a lo largo de los siglos, fuente de aprendizaje y de conocimiento no solo poético”.
A partir de lo anterior tenemos que reconocer dos hechos importantes. Por un lado, las redes sociales y las nuevas tecnologías en general son un arma de doble filo, esto aplica también para la investigación, pues cantidad no es sinónimo de calidad. Por eso, parece que las nuevas habilidades con las que cualquier persona debería contar son elementos críticos y saberes teóricos lo suficientemente sólidos para enfrentarse a la información y saber discernir su calidad. Lo mismo aplica para la poesía, con el agregado—para las artes en general—de que cultivar la sensibilidad estética es una labor que no debería abandonarse en función de conceptos, es decir, aceptar que el arte tiene que ocuparse de la condición humana.
Por otro lado, la formación de una personalidad crítica implica por fuerza el contacto con la tradición. En este sentido, quienes consideran que la poesía de Instagram manifiesta un contacto “trampolín” con la poesía para las juventudes no consideran el panorama completo, pues un poeta joven no tendría por qué desconocer a los clásicos, un adolescente puede disfrutar de José Hierro, Pizarnik, Borges o Antonio Machado. Es más, muchos de los grandes poetas ya escribían muy buenas obras desde que eran jóvenes. Lo preocupante está, tal vez, en que la escritura de la llamada “Nueva poesía” está motivada por criterios de utilidad diferentes a los de la poesía clásica.
Desgraciadamente, gran parte de la poesía que se comparte en Instagram cae en lo obvio, en lo monótono. Sin embargo, tenemos que reconocer que las redes sociales son un excelente canal de resistencia, un material innegable de divulgación masiva y un modelo interesante para manifestar inconformidades sociales, como lo ha hecho, por ejemplo, la influencer Rupi Kaur. Pero no está de más promover la vuelta a los clásicos tanto en los niveles educativos básicos como en la divulgación, al menos para proveer a la mayor cantidad de personas de criterios que permitan diferenciar la poesía de calidad de la prosa separada por el uso didáctico del “Enter”.
Llevar la cultura al mundo digital, específicamente a las redes sociales, enfrenta el reto de que la calidad no pierda ante la enorme cantidad en la producción de contenidos. Hasta el momento contamos con un número importante de artistas y obras digitales que vale la pena conocer, pero que por desgracia no siempre cuentan con la promoción suficiente. Invitamos amablemente al lector a visitarla Antología de poesía electrónica para acercarse a algunos de estos proyectos: http://poesiaelectronica.centroculturadigital.mx/ Que tengan todos ustedes una ¡Muy Feliz Navidad!
La llamada “Nueva poesía” o “Poesía de Instagram” ha generado numerosos debates donde sus participantes manifiestan posiciones encontradas. Por un lado, están quienes consideran que es un buen uso de las redes sociales para hacer llegar a grandes cantidades de personas la poesía, y sobre todo, para interesar a la gente joven a leerla y escribirla. Por otro, están personas como Álvaro Salvador Jofre que advierten acerca de su banalización y de la pérdida importancia para la vida en función de los criterios del mercado.
El poeta Manuel Rico cuenta una anécdota en su texto “La nueva poesía y los retos del siglo XXI”, donde durante una cena entre poetas y representantes de la nueva parapoesía; dos youtubers desconocían por completo los nombres de José Hierro o Blas de Otero: “Es decir, autores que están vendiendo, hasta en los supermercados, decenas de miles de libros de versos, reconocieron carecer de un fondo de lecturas y de una memoria literaria y poética que hasta ahora hemos considerado básicos, imprescindibles para abordar la complejidad de un poema o para acceder al patrimonio poético acumulado a lo largo de los siglos, fuente de aprendizaje y de conocimiento no solo poético”.
A partir de lo anterior tenemos que reconocer dos hechos importantes. Por un lado, las redes sociales y las nuevas tecnologías en general son un arma de doble filo, esto aplica también para la investigación, pues cantidad no es sinónimo de calidad. Por eso, parece que las nuevas habilidades con las que cualquier persona debería contar son elementos críticos y saberes teóricos lo suficientemente sólidos para enfrentarse a la información y saber discernir su calidad. Lo mismo aplica para la poesía, con el agregado—para las artes en general—de que cultivar la sensibilidad estética es una labor que no debería abandonarse en función de conceptos, es decir, aceptar que el arte tiene que ocuparse de la condición humana.
Por otro lado, la formación de una personalidad crítica implica por fuerza el contacto con la tradición. En este sentido, quienes consideran que la poesía de Instagram manifiesta un contacto “trampolín” con la poesía para las juventudes no consideran el panorama completo, pues un poeta joven no tendría por qué desconocer a los clásicos, un adolescente puede disfrutar de José Hierro, Pizarnik, Borges o Antonio Machado. Es más, muchos de los grandes poetas ya escribían muy buenas obras desde que eran jóvenes. Lo preocupante está, tal vez, en que la escritura de la llamada “Nueva poesía” está motivada por criterios de utilidad diferentes a los de la poesía clásica.
Desgraciadamente, gran parte de la poesía que se comparte en Instagram cae en lo obvio, en lo monótono. Sin embargo, tenemos que reconocer que las redes sociales son un excelente canal de resistencia, un material innegable de divulgación masiva y un modelo interesante para manifestar inconformidades sociales, como lo ha hecho, por ejemplo, la influencer Rupi Kaur. Pero no está de más promover la vuelta a los clásicos tanto en los niveles educativos básicos como en la divulgación, al menos para proveer a la mayor cantidad de personas de criterios que permitan diferenciar la poesía de calidad de la prosa separada por el uso didáctico del “Enter”.
Llevar la cultura al mundo digital, específicamente a las redes sociales, enfrenta el reto de que la calidad no pierda ante la enorme cantidad en la producción de contenidos. Hasta el momento contamos con un número importante de artistas y obras digitales que vale la pena conocer, pero que por desgracia no siempre cuentan con la promoción suficiente. Invitamos amablemente al lector a visitarla Antología de poesía electrónica para acercarse a algunos de estos proyectos: http://poesiaelectronica.centroculturadigital.mx/ Que tengan todos ustedes una ¡Muy Feliz Navidad!
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