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Ser para sí – El Sol de México

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septiembre 07, 2022

Columnista invitado

Columnista invitado
  / martes 6 de septiembre de 2022
Estela Casados González
El movimiento feminista en Veracruz ha mostrado fortaleza en los últimos años. Incluso en la fase más álgida de la pandemia desplegó movilizaciones continuas en marzo, septiembre y noviembre de 2020 y 2021, en el marco de fechas emblemáticas para el feminismo latinoamericano.
De igual manera convocó a marchas ante los feminicidios que asolan a las mujeres que habitamos Veracruz.
Basta recordar que la despenalización del aborto antes de las doce semanas fue realidad para nuestro estado el 20 de julio de 2021, en medio de decesos numerosos, contagios y la esperanza que ofrecían los primeros cuadros de vacunación anticovid.
¿Siempre fue así de potente el feminismo veracruzano o es producto de las generaciones de jóvenas que ahora son el faro del movimiento?
Las huellas del feminismo local se muestran por primera vez en la década de los ochenta del siglo XX, de la mano de asociaciones civiles que concentraron a feministas a partir de su trabajo atravesado por la reivindicación de los derechos humanos de las mujeres. Así, por ejemplo, tenemos el caso emblemático del Colectivo Feminista de Xalapa, el cual visibilizó la violencia hacia las mujeres.
En otros puntos de Veracruz el feminismo prosperó de la mano de promotoras sociales. Sin ponerse el vestido de este movimiento, iniciaron procesos de reflexión entre mujeres de colonias populares, localidades rurales y comunidades indígenas. Bajo el discurso de igualdad y respeto a los derechos humanos, no fue gratuito que muchas alzaran la voz desde sus entornos y contextos.
Otra vertiente fue el trabajo que desde los entonces partidos de izquierda involucró a mujeres que por vez primera vieron de frente los alcances y retrocesos de su incidencia política. Un impulso significativo que se fue desdibujando al posicionarse la lógica patriarcal, misógina y corrupta del sistema de partidos.
Si bien es cierto que no todas las agrupaciones se identificaban con el feminismo e incluso se deslindaban de él, no perdamos de vista que se inoculó en el pensamiento colectivo la certeza de que las mujeres somos personas y tenemos derechos.
El impacto de esta labor nos encontró en la primera década del siglo XXI saliendo a las calles junto a hombres, integrantes de la comunidad de la diversidad sexual, personas adultas mayores, niñas, niños, activistas y funcionarias con el propósito de arrebatar a Fidel Herrera la iniciativa para conceder derechos “desde el momento de la concepción”.
Nos encontró en el congreso local para ir contra Javier Duarte y su idea de conseguir lo que su antecesor no logró, lo cual hizo realidad gracias al voto disciplinado de las bancadas del PRI y PAN.
Nos encontró fundando el Instituto Veracruzano de las Mujeres y percatándonos de que se ha tornado en un elefante blanco que finge ser morado, verde o naranja, según se requiera.
Encontró a jóvenas llenas de ira y dolor ante la violencia feminicida, que no creen en las instituciones, pero sí en sus amigas porque con ellas arman revolución y se defienden de la policía.
Encontró a mujeres que apuestan por el ser más valioso que se encapsula en sus cuerpos: ellas mismas; porque son seres para sí. Para nadie más.
Hoy iniciamos un encuentro que espero tengamos cada lunes, a partir del pensamiento clave que nos replantea en valor y certeza: Ser para sí.
Docente investigadora de la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana. Coordinadora del Observatorio Universitario de Violencias contra las Mujeres.
Feminista
Catedrática e investigadora de la Universidad Veracruzana
Estela Casados González
El movimiento feminista en Veracruz ha mostrado fortaleza en los últimos años. Incluso en la fase más álgida de la pandemia desplegó movilizaciones continuas en marzo, septiembre y noviembre de 2020 y 2021, en el marco de fechas emblemáticas para el feminismo latinoamericano.
De igual manera convocó a marchas ante los feminicidios que asolan a las mujeres que habitamos Veracruz.
Basta recordar que la despenalización del aborto antes de las doce semanas fue realidad para nuestro estado el 20 de julio de 2021, en medio de decesos numerosos, contagios y la esperanza que ofrecían los primeros cuadros de vacunación anticovid.
¿Siempre fue así de potente el feminismo veracruzano o es producto de las generaciones de jóvenas que ahora son el faro del movimiento?
Las huellas del feminismo local se muestran por primera vez en la década de los ochenta del siglo XX, de la mano de asociaciones civiles que concentraron a feministas a partir de su trabajo atravesado por la reivindicación de los derechos humanos de las mujeres. Así, por ejemplo, tenemos el caso emblemático del Colectivo Feminista de Xalapa, el cual visibilizó la violencia hacia las mujeres.
En otros puntos de Veracruz el feminismo prosperó de la mano de promotoras sociales. Sin ponerse el vestido de este movimiento, iniciaron procesos de reflexión entre mujeres de colonias populares, localidades rurales y comunidades indígenas. Bajo el discurso de igualdad y respeto a los derechos humanos, no fue gratuito que muchas alzaran la voz desde sus entornos y contextos.
Otra vertiente fue el trabajo que desde los entonces partidos de izquierda involucró a mujeres que por vez primera vieron de frente los alcances y retrocesos de su incidencia política. Un impulso significativo que se fue desdibujando al posicionarse la lógica patriarcal, misógina y corrupta del sistema de partidos.
Si bien es cierto que no todas las agrupaciones se identificaban con el feminismo e incluso se deslindaban de él, no perdamos de vista que se inoculó en el pensamiento colectivo la certeza de que las mujeres somos personas y tenemos derechos.
El impacto de esta labor nos encontró en la primera década del siglo XXI saliendo a las calles junto a hombres, integrantes de la comunidad de la diversidad sexual, personas adultas mayores, niñas, niños, activistas y funcionarias con el propósito de arrebatar a Fidel Herrera la iniciativa para conceder derechos “desde el momento de la concepción”.
Nos encontró en el congreso local para ir contra Javier Duarte y su idea de conseguir lo que su antecesor no logró, lo cual hizo realidad gracias al voto disciplinado de las bancadas del PRI y PAN.
Nos encontró fundando el Instituto Veracruzano de las Mujeres y percatándonos de que se ha tornado en un elefante blanco que finge ser morado, verde o naranja, según se requiera.
Encontró a jóvenas llenas de ira y dolor ante la violencia feminicida, que no creen en las instituciones, pero sí en sus amigas porque con ellas arman revolución y se defienden de la policía.
Encontró a mujeres que apuestan por el ser más valioso que se encapsula en sus cuerpos: ellas mismas; porque son seres para sí. Para nadie más.
Hoy iniciamos un encuentro que espero tengamos cada lunes, a partir del pensamiento clave que nos replantea en valor y certeza: Ser para sí.
Docente investigadora de la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana. Coordinadora del Observatorio Universitario de Violencias contra las Mujeres.
Feminista
Catedrática e investigadora de la Universidad Veracruzana
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