/ lunes 17 de octubre de 2022
La propaganda oficial del Gobierno de México anda difundiendo cínicamente que el Tren Militar, mal llamado Tren Maya, “lejos de dañar al medio ambiente alienta su recuperación y conservación”. Hace unos días un grupo de activistas locales, junto con colectivas como “Selvame del Tren” y líderes de comunidades mayas del Sureste convocaron a la primera Caravana Ciudadana: “Vamos a caminar a la selva”: una serie de recorridos con personas biólogas y expertas en el tramo 5 en construcción en Playa del Carmen. Se trata de visibilizar la destrucción histórica de la selva, de las cuevas y de los cenotes a punto de desaparecer (para participar: https://vamosacaminaralaselva.org/ ).
A la fecha, a pesar del llamado de la sociedad civil, las autoridades no han aceptado ir a caminar el tramo 5, sino que lo sobrevolaron en helicóptero. Una lástima porque en el recorrido, además de la deforestación agresiva se puede observar el sistema de cuevas y cenotes que pretenden perforar irresponsablemente y con alto peligro de derrumbe. En esta zona se encuentra el sistema de ríos subterráneos más importante de México, una de las reservas de agua dulce más importante del mundo, un patrimonio cultural natural reconocido y protegido supuestamente por la comunidad internacional. En estas cuevas está plasmada la historia geológica de la humanidad y se han encontrado varios vestigios arqueológicos partes fundamentales de la memoria de nuestro país. Como si el desastre no fuera suficiente, en la etapa de aplanar el terreno, los trabajadores andan rellenando la tierra con basuras, llantas, tubos o material que no necesitan y demás residuos que agravan la contaminación de los suelos y del acuífero. En los restos de árboles tirados a lo largo del tramo se puede ver como unos fueron quemados con sustancias químicas. Muchas especies, incluso protegidas, están amenazadas de desaparecer por este ecocidio documentado con evidencias científicas y ciudadanas.
En cuanto a la participación de las comunidades locales, los líderes indígenas denunciaron la inaplicación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo además de prácticas de corrupción y amenazas también documentadas. En esta obra criminal reinan las violaciones al Estado de Derecho. No existe una planeación pública, tampoco cuentan con los permisos y medidas de mitigación de impacto ambiental. Violan las leyes, la Constitución y los compromisos internacionales como el Acuerdo de Paris, el Acuerdo de Escazú o la Agenda 2030 entre otros. Todo en la impunidad y en el silencio cómplice de una justicia comprada o amenazada públicamente desde la Presidencia de la República.
En esta masacre colectiva y caprichosa contra la naturaleza participan empresas extranjeras con contratos millonarios corresponsables del ecocidio en México: un proyecto neoliberal y neocolonialista por excelencia. Es urgente que los organismos internacionales y las representaciones diplomáticas en México se pronuncien y pongan un alto desde los mecanismos de justicia internacional; que Reino Unido y la Unión Europea detengan ya cualquier negociación en materia de Tratado de Libre Comercio por el incumplimiento de cláusulas básicas en materia de derechos humanos, Estado de Derecho y medio ambiente.
La propaganda oficial del Gobierno de México anda difundiendo cínicamente que el Tren Militar, mal llamado Tren Maya, “lejos de dañar al medio ambiente alienta su recuperación y conservación”. Hace unos días un grupo de activistas locales, junto con colectivas como “Selvame del Tren” y líderes de comunidades mayas del Sureste convocaron a la primera Caravana Ciudadana: “Vamos a caminar a la selva”: una serie de recorridos con personas biólogas y expertas en el tramo 5 en construcción en Playa del Carmen. Se trata de visibilizar la destrucción histórica de la selva, de las cuevas y de los cenotes a punto de desaparecer (para participar: https://vamosacaminaralaselva.org/ ).
A la fecha, a pesar del llamado de la sociedad civil, las autoridades no han aceptado ir a caminar el tramo 5, sino que lo sobrevolaron en helicóptero. Una lástima porque en el recorrido, además de la deforestación agresiva se puede observar el sistema de cuevas y cenotes que pretenden perforar irresponsablemente y con alto peligro de derrumbe. En esta zona se encuentra el sistema de ríos subterráneos más importante de México, una de las reservas de agua dulce más importante del mundo, un patrimonio cultural natural reconocido y protegido supuestamente por la comunidad internacional. En estas cuevas está plasmada la historia geológica de la humanidad y se han encontrado varios vestigios arqueológicos partes fundamentales de la memoria de nuestro país. Como si el desastre no fuera suficiente, en la etapa de aplanar el terreno, los trabajadores andan rellenando la tierra con basuras, llantas, tubos o material que no necesitan y demás residuos que agravan la contaminación de los suelos y del acuífero. En los restos de árboles tirados a lo largo del tramo se puede ver como unos fueron quemados con sustancias químicas. Muchas especies, incluso protegidas, están amenazadas de desaparecer por este ecocidio documentado con evidencias científicas y ciudadanas.
En cuanto a la participación de las comunidades locales, los líderes indígenas denunciaron la inaplicación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo además de prácticas de corrupción y amenazas también documentadas. En esta obra criminal reinan las violaciones al Estado de Derecho. No existe una planeación pública, tampoco cuentan con los permisos y medidas de mitigación de impacto ambiental. Violan las leyes, la Constitución y los compromisos internacionales como el Acuerdo de Paris, el Acuerdo de Escazú o la Agenda 2030 entre otros. Todo en la impunidad y en el silencio cómplice de una justicia comprada o amenazada públicamente desde la Presidencia de la República.
En esta masacre colectiva y caprichosa contra la naturaleza participan empresas extranjeras con contratos millonarios corresponsables del ecocidio en México: un proyecto neoliberal y neocolonialista por excelencia. Es urgente que los organismos internacionales y las representaciones diplomáticas en México se pronuncien y pongan un alto desde los mecanismos de justicia internacional; que Reino Unido y la Unión Europea detengan ya cualquier negociación en materia de Tratado de Libre Comercio por el incumplimiento de cláusulas básicas en materia de derechos humanos, Estado de Derecho y medio ambiente.
Aurelien Guilabert
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