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Pulso CdMx | Metro: complot y militarización – El Sol de México

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enero 16, 2023

Aurelien Guilabert

Aurelien Guilabert

  / lunes 16 de enero de 2023
El sábado Claudia Sheinbaum se quedó en la Ciudad de México en vez de seguir con su gira de promoción electoral emprendida desde hace varias semanas para: “trabajar con el equipo del metro y de la Secretaría de Finanzas la agilización de todos los procesos de adquisición, entrega de materiales y refacciones del metro” informó en su cuenta de twitter. También se comunicó con excitación que la flamante Guardia Nacional ya nos salvó de una catástrofe al lograr una misión especial de alto nivel para la seguridad de las y los capitalinos: recoger una lata en las vías del metro.

Frente a la falta de mantenimiento, al desgaste de la infraestructura, al subejercicio presupuestal, a la falta de inversión pública, a la disminución de recursos locales y federales por “austeridad republicana”, tendremos 6 mil 600 militares uniformados e incógnitos en el metro, más que en casi todos los estados del país aún con focos rojos de violencia como Michoacán, Jalisco, Sinaloa o Guerrero. ¿No hay otras acciones prioritarias para recuperar la paz que ocupar a militares y ese presupuesto público? ¿Quién tomó la decisión de encomendar al Ejército la seguridad del metro? ¿Lo solicitó la Jefa de Gobierno? ¿Lo ordenó el Presidente injerencista? ¿Cuál habría sido la reacción de las y los seguidores o personalidades de MORENA si Calderón o Peña Nieto hubieran instruido la presencia de militares en el metro de la Capital de derechos y libertades? ¿Será suficiente para garantizar un metro seguro, de calidad, eficiente, accesible y con mantenimiento digno para los al menos 5 millones de personas usuarias cotidianas?

La presencia de militares en esferas de la administración pública local de la Ciudad de México viene ampliar el catálogo de atribuciones civiles de las cuales se encargará el poder militar rumbo a la militarización de la vida pública en México. La narrativa usada para justificar su presencia es muy riesgosa: difundiendo antes de cualquier investigación teorías del complot, como con el robo de la caja negra, objeto bastante voluminoso, sin que nadie (ni las cámaras, ni las víctimas, ni las fuerzas de seguridad o personas funcionarias públicas) se diera cuenta. Es muy riesgoso gobernar con el miedo, con la propaganda, con la polarización y con los militares. Es la narrativa análoga exprimida y repetida ante cualquier falla desde la presidencia patriarcal y replicada metodológicamente en la Capital, que hubiera podido diferenciarse desde el feminismo.

Frente a los incidentes en el metro las y los operadores y voceros de MORENA acusan en redes y en medios un “operativo orquestado por actores siniestros del viejo régimen” (Rafael Barajas), que retoma la Jefa de Gobierno, acusando y criminalizando además al Sindicato, que por cierto debe también transparentarse y rendir cuentas.

La detención por elementos de la Guardia Nacional de Hendrick Ortega por sostener una pancarta en una estación del metro es inadmisible. Aunque lo hayan liberado sin sanción y hayan destituidos a los militares por la viralidad de la noticia en redes, fomenta el miedo a la protesta y viola la libertad de expresión en un espacio público.

Firma la petición “No al metro militar, sí a un metro con mantenimiento, seguro y de calidad” en www.change.org/NoAlMetroMilitar.
El sábado Claudia Sheinbaum se quedó en la Ciudad de México en vez de seguir con su gira de promoción electoral emprendida desde hace varias semanas para: “trabajar con el equipo del metro y de la Secretaría de Finanzas la agilización de todos los procesos de adquisición, entrega de materiales y refacciones del metro” informó en su cuenta de twitter. También se comunicó con excitación que la flamante Guardia Nacional ya nos salvó de una catástrofe al lograr una misión especial de alto nivel para la seguridad de las y los capitalinos: recoger una lata en las vías del metro.

Frente a la falta de mantenimiento, al desgaste de la infraestructura, al subejercicio presupuestal, a la falta de inversión pública, a la disminución de recursos locales y federales por “austeridad republicana”, tendremos 6 mil 600 militares uniformados e incógnitos en el metro, más que en casi todos los estados del país aún con focos rojos de violencia como Michoacán, Jalisco, Sinaloa o Guerrero. ¿No hay otras acciones prioritarias para recuperar la paz que ocupar a militares y ese presupuesto público? ¿Quién tomó la decisión de encomendar al Ejército la seguridad del metro? ¿Lo solicitó la Jefa de Gobierno? ¿Lo ordenó el Presidente injerencista? ¿Cuál habría sido la reacción de las y los seguidores o personalidades de MORENA si Calderón o Peña Nieto hubieran instruido la presencia de militares en el metro de la Capital de derechos y libertades? ¿Será suficiente para garantizar un metro seguro, de calidad, eficiente, accesible y con mantenimiento digno para los al menos 5 millones de personas usuarias cotidianas?

La presencia de militares en esferas de la administración pública local de la Ciudad de México viene ampliar el catálogo de atribuciones civiles de las cuales se encargará el poder militar rumbo a la militarización de la vida pública en México. La narrativa usada para justificar su presencia es muy riesgosa: difundiendo antes de cualquier investigación teorías del complot, como con el robo de la caja negra, objeto bastante voluminoso, sin que nadie (ni las cámaras, ni las víctimas, ni las fuerzas de seguridad o personas funcionarias públicas) se diera cuenta. Es muy riesgoso gobernar con el miedo, con la propaganda, con la polarización y con los militares. Es la narrativa análoga exprimida y repetida ante cualquier falla desde la presidencia patriarcal y replicada metodológicamente en la Capital, que hubiera podido diferenciarse desde el feminismo.

Frente a los incidentes en el metro las y los operadores y voceros de MORENA acusan en redes y en medios un “operativo orquestado por actores siniestros del viejo régimen” (Rafael Barajas), que retoma la Jefa de Gobierno, acusando y criminalizando además al Sindicato, que por cierto debe también transparentarse y rendir cuentas.

La detención por elementos de la Guardia Nacional de Hendrick Ortega por sostener una pancarta en una estación del metro es inadmisible. Aunque lo hayan liberado sin sanción y hayan destituidos a los militares por la viralidad de la noticia en redes, fomenta el miedo a la protesta y viola la libertad de expresión en un espacio público.

Firma la petición “No al metro militar, sí a un metro con mantenimiento, seguro y de calidad” en www.change.org/NoAlMetroMilitar.
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