/ lunes 7 de marzo de 2022
Mañana, en la Ciudad de México, miles de mujeres saldrán a las calles por el Día Internacional de la Mujer, que pasó de ser una felicitación frívola a la toma justa y justificada de las calles contra la desigualdad, contra la discriminación, contra las violencias, las agresiones verbales y físicas, contra los feminicidios que diario enfrentan las mujeres en nuestra sociedad patriarcal.
“Recuerden tomar muchas fotos y poner el hashtag mujeres por la cuarta transformación”, se repetía ayer en el encuentro de mujeres por la transformación. Contrariamente al conversatorio constructivo entre mujeres policías y activistas organizado por el Gobierno de la Ciudad de México la semana pasada, esta concentración digna del sistema de partidos políticos tradicionales fue un llamado agresivo a la polarización y al clivaje social. La última parte del evento culminó con la falta de atención de las asistentes al grupo de mujeres indígenas que cantaron después de la entrega del bastón de mando a la Jefa de Gobierno; hasta que sonó la llamada de atención para entonar el himno nacional. Claudia Sheinbaum recibió el apoyo directo y público de 6 gobernadoras y de personalidades políticas como Olga Sánchez Cordero. La carrera a la candidatura presidencial se intensifica. Se condenó a los empresarios “conservadores, autoritarios, neoliberales, derechistas, machistas” pero no se anunció una agenda de medidas concretas coordinada entre todas las mujeres tomadoras de decisión. Todas coincidieron en la adulación al Hombre del poder y con el honor de estar con Obrador: “líder irrepetible, de esos que nacen cada 100 años”. No hubo mención ni presencia en el presídium de las mujeres trans, tampoco llamado sobre el derecho a decidir o propuesta para detener la violencia y la desigualdad de género.
Debemos de reconocer el esfuerzo de paridad en el primer Gobierno de Andrés Manuel López Obrador y en las candidaturas encabezadas por mujeres en las gubernaturas. Sin embargo, la política del Gobierno de México sobre el tema ha provocado descontentos y fuertes críticas, especialmente desde el activismo y la sociedad civil (ausente en el evento de ayer), siendo uno de los talones de Aquiles de esta administración.
El Congreso capitalino es pionero en paridad gracias a la Constitución de la Ciudad de México, así como hoy la Cámara de Diputados. Pero las legisladoras aún no cuentan con igualdad real. Las coordinaciones de grupos parlamentarios y comisiones de mayor relevancia están ocupadas en su gran mayoría por hombres; una dinámica que se origina en el control masculino de los órganos de poder en los partidos políticos tradicionales.
La gravedad de la situación en materia de igualdad de género necesita de toda la ciudadanía para corregir el problema de raíz y a largo plazo. La iniciativa privada es clave para igualar los salarios y las condiciones laborales entre hombres y mujeres. La desconstrucción de las masculinidades machistas y de los comportamientos misóginos requiere de un nuevo pacto social, educativo y cultural con las organizaciones y con toda la ciudadanía, independientemente de sus preferencias partidistas. La igualdad de género debe ser una política transversal, solidaria, cohesionada de emergencia nacional y de reconciliación social.
Mañana, en la Ciudad de México, miles de mujeres saldrán a las calles por el Día Internacional de la Mujer, que pasó de ser una felicitación frívola a la toma justa y justificada de las calles contra la desigualdad, contra la discriminación, contra las violencias, las agresiones verbales y físicas, contra los feminicidios que diario enfrentan las mujeres en nuestra sociedad patriarcal.
“Recuerden tomar muchas fotos y poner el hashtag mujeres por la cuarta transformación”, se repetía ayer en el encuentro de mujeres por la transformación. Contrariamente al conversatorio constructivo entre mujeres policías y activistas organizado por el Gobierno de la Ciudad de México la semana pasada, esta concentración digna del sistema de partidos políticos tradicionales fue un llamado agresivo a la polarización y al clivaje social. La última parte del evento culminó con la falta de atención de las asistentes al grupo de mujeres indígenas que cantaron después de la entrega del bastón de mando a la Jefa de Gobierno; hasta que sonó la llamada de atención para entonar el himno nacional. Claudia Sheinbaum recibió el apoyo directo y público de 6 gobernadoras y de personalidades políticas como Olga Sánchez Cordero. La carrera a la candidatura presidencial se intensifica. Se condenó a los empresarios “conservadores, autoritarios, neoliberales, derechistas, machistas” pero no se anunció una agenda de medidas concretas coordinada entre todas las mujeres tomadoras de decisión. Todas coincidieron en la adulación al Hombre del poder y con el honor de estar con Obrador: “líder irrepetible, de esos que nacen cada 100 años”. No hubo mención ni presencia en el presídium de las mujeres trans, tampoco llamado sobre el derecho a decidir o propuesta para detener la violencia y la desigualdad de género.
Debemos de reconocer el esfuerzo de paridad en el primer Gobierno de Andrés Manuel López Obrador y en las candidaturas encabezadas por mujeres en las gubernaturas. Sin embargo, la política del Gobierno de México sobre el tema ha provocado descontentos y fuertes críticas, especialmente desde el activismo y la sociedad civil (ausente en el evento de ayer), siendo uno de los talones de Aquiles de esta administración.
El Congreso capitalino es pionero en paridad gracias a la Constitución de la Ciudad de México, así como hoy la Cámara de Diputados. Pero las legisladoras aún no cuentan con igualdad real. Las coordinaciones de grupos parlamentarios y comisiones de mayor relevancia están ocupadas en su gran mayoría por hombres; una dinámica que se origina en el control masculino de los órganos de poder en los partidos políticos tradicionales.
La gravedad de la situación en materia de igualdad de género necesita de toda la ciudadanía para corregir el problema de raíz y a largo plazo. La iniciativa privada es clave para igualar los salarios y las condiciones laborales entre hombres y mujeres. La desconstrucción de las masculinidades machistas y de los comportamientos misóginos requiere de un nuevo pacto social, educativo y cultural con las organizaciones y con toda la ciudadanía, independientemente de sus preferencias partidistas. La igualdad de género debe ser una política transversal, solidaria, cohesionada de emergencia nacional y de reconciliación social.
Aurelien Guilabert
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