Tomando como guía el Lienzo de Tlaxcala, el titular de la Secretaría de Cultura local, Antonio Martínez Velázquez pugna porque se emprenda una nueva reconquista de México desde la cultura, “porque somos una cultura madre y tenemos que buscar ese lugar reivindicatorio en el panorama cultural mexicano total”.
De hecho, asienta que todavía quedan rastros de las huellas que fueron dejando las 400 familias, como conquistadores indios, en su periplo del siglo XVI, acompañando a los españoles por distintas zonas de lo que ahora es México como país para colonizarlas.
En entrevista con La Jornada de Oriente/Tlaxcala, el funcionario estatal comparte su visión de la cultura tlaxcalteca, de la tlaxcaltequidad, concepto acuñado por el pintor y muralista fallecido en 2009, Desiderio Hernández Xochitiotzin. Además de que considera que la mejor forma para que el Estado apoye las expresiones culturales sin invadirlas es reconocerlas en todas sus dimensiones, social, política, económica, entre otras.
Rechaza tajantemente que los tlaxcaltecas sean los primos pobres de la Corona española, por haber formado parte de la alianza que conquistó Tenochtitlán; sin embargo, no descarta que exista un divorcio entre el orgullo del ser tlaxcalteca y el conocimiento de los tlaxcaltecas de sí mismos.
Ante ello, resalta la importancia del trabajo de las instituciones de cultura para reivindicar lo tlaxcalteca, para que los tlaxcaltecas entiendan de dónde vienen y qué hacen y los haga sentirse orgullosos de su origen. “Esa es la virtud, poder encontrar ese camino de origen para siempre tener a donde regresar. Es como el regreso de Itaca siempre, Tlaxcala es eso, el poder regresar a esa tierra soñada y entenderlo como eso”.
A continuación, la entrevista completa con el secretario de Cultura en el estado, egresado de la Facultad Libre de Derecho de Tlaxcala, en instalaciones del Centro de las Artes de Apizaco, sede de la dependencia.
–La alianza hispano tlaxcalteca definió una forma muy particular del ser tlaxcalteca. Los primos pobres de la Corona. ¿Tú como la ves?
–Creo que el caso del pueblo tlaxcalteca es único en el devenir de los pueblos o de la pluralidad de pueblos que conformaban Mesoamérica. Tlaxcala desde mucho antes o poco antes de la conquista desarrolló los señoríos, una manera de gobierno más democrática.
“Efectivamente, había una rivalidad, una disputa con los mexicas por el tema tributario, de control de territorio, etcétera, pero los tlaxcaltecas, creo, siempre fueron muy inteligentes, muy visionarios. Después de las batallas de Tzompantepec, los primeros acercamientos con los conquistadores o colonizadores, deciden formar la alianza y eso les quita la condición de pueblo conquistado”.
Es, agrega, uno de los pueblos no conquistados, pero por distintas razones a los otros, el otro pueblo no conquistado son los mixes, pero eso tiene que ver con su ubicación geográfica. “Tlaxcala no es un pueblo conquistado, sino se convierte en indios conquistadores, una de las partes más interesantes que me llama mucho la atención es la conservación de los apellidos, el no borramiento del nombre, del cómo te llamas, poder conservar el apellido, les permitió una dignidad o una manera de presentarse frente a sus aliados casi de iguales”.
“¡Claro!, cuando se van los Austrias y llegan los Borbones pierden de alguna manera los privilegios que habían conservado los tlaxcaltecas, luego viene la Independencia y la historia negra les dice traidores, pero lejos de eso es un pueblo admirable, valientísimo, no conquistado, inteligente, con una agudeza política milenaria, que hasta la fecha la gente de afuera dice cómo en Tlaxcala hay 60 municipios, cuando los estados que tienen más o menos territorio similar al nuestro, tienen, si acaso, 10, pero es porque somos un pueblo muy politizado, muy bien organizado, cuya cultura, al haberse conservado como se conservó, permite la organización social y política de sus comunidades”.
Para Martínez Velázquez es necesario tener presente esta particularidad del pueblo de Tlaxcala “para poder entender y trabajar con ellos. No considero que sean los primos pobres de la Corona, desde luego que no”.
—En Tlaxcala, quizá como en ningún otro estado conviven la cultura de herencia indígena y la española. Sólo como ejemplo, en la comida la paella y el mole. ¿Consideras que permanece la división de dos repúblicas en Tlaxcala?
–Creo que no, que precisamente la idea de la tlaxcaltequidad, como le llamaba Xochitiotzin, donde la cuestión indígena se pone en duda, precisamente por su condición de pueblo no conquistado y de estos elementos que conforman la cultura, que no es otra sino la tlaxcalteca, ahí sí es una cultura producto del mestizaje, pero la condición más tradicional de esa cultura está a la cabeza o a la par de las manifestaciones mestizas.
“Eso hace que no haya esa división que hay en otros lugares, entre quienes simplemente tienen una cultura tradicional y los criollos o los mestizos que sí hay en otros lugares, sí es muy claro, por ejemplo, en Oaxaca o Hidalgo, los de la ciudad y su propia cultura y las de las etnias.
“Aquí no porque esa división existió menos y se fue conformando con esta alianza un crisol de distintas manifestaciones culturales, que se hicieron propiamente la cultura tlaxcalteca, es decir, también unifica de alguna manera eso que en otros estados permaneció separado. Entonces, por eso creo que es un tema muy particular”.
Adelanta la creación del Centro de Estudios de la Cuestión Indígena, Arte y la Cultura que parte de esa experiencia, es decir, de ser del tlaxcalteca y de cómo su condición cuestiona en sí misma la condición indígena para poder entender de otra manera, más contemporánea la idea del indigenismo, “por eso es tan importante para nosotros la creación de ese centro de estudios y de cómo hemos reflexionado la historia misma del pueblo tlaxcalteca”.
–La mayor parte de las prácticas culturales han sobrevivido sin el apoyo gubernamental, ¿cómo hacer para fortalecerlas sin invadirlas?
–Es la pregunta de los 64 mil pesos porque siempre se enfrenta uno a ese dilema de manera constante, a todos los niveles. Lo que hay que hacer es reconocerlos, reconocer esas prácticas en su dimensión social, en su dimensión política. Por eso hablaba que los tlaxcaltecas todavía se organizan a través de muchas de sus tradiciones, o sea, un pueblo a veces está conformado políticamente por sus camadas del carnaval o alguno de los puestos políticos están determinados por las fiestas patronales y por cómo se va rotando.
“Si no entendemos esa profundidad de la cultura tlaxcalteca en las otras manifestaciones de la vida cotidiana, complicadísimo no querer invadirlas, porque entonces uno actúa de manera colonizante, esto sí, esto no, no, todo sí. Hay que entender que nosotros no hacemos la cultura, la hacen las comunidades, entonces lo que hay que hacer es poner los caminos para encauzar esas actividades”.
Efectivamente, reconoce, algunas expresiones culturales, por distintas razones, no han tenido apoyo gubernamental, pero otras sí.
Observa que en algunas otras manifestaciones culturales, como las fiestas patronales, se tienen como el prurito del Estado laico y a veces no se apoyan o no se apoyaban. “Yo a la fiesta patronal la concibo, además, de un tema religioso, un tema cultural, profundo, que tenemos que entenderlo como tal y poder apoyar esa parte”.
Otras, como las artesanías más representativas, entre ellas la talavera, los textiles, la talla de madera, sí han tenido cierto apoyo, pero debe aumentarse. “También entender la importancia de su producción para apoyar donde más hace falta, sin necesidad de cortar el proceso cultural con una imposición desde el Estado.
“Pero es muy complicado, porque si no se tiene la sensibilidad para poder comprender cada proceso cultural en toda su dimensión, entonces, las intervenciones del Estado no acaban impactando donde deberían. Es un dilema constante, porque desde las instituciones se quiere hacer actividades, cumplir un plan, entonces uno tiene que discriminar cosas, porque los recursos son limitados y se deben tener prioridades.
“El dilema permanece, es irresuelto, pero me parece que la manera es la sensibilidad de entender cada proceso cultural en su justa dimensión, las intervenciones del Estado a cada proceso pueden ser mucho más efectivas que solamente entregar recursos sin ton ni son”.
–¿Cómo definirías la tlaxcaltequidad?
–Me parece que esa connotación de indio conquistador también define eso. La huella tlaxcalteca que está plasmada en el Lienzo de Tlaxcala, cómo van avanzando después de la salida de las 400 familias, estos grupos en el norte del país, y cómo van dejando huellas que hasta la fecha sobreviven, por ejemplo, en Saltillo, el sarape, los tejedores de allá vienen de aquí, de Contla.
“En Bustamante, Nuevo León, por ejemplo, su conformación es de una pequeña ciudad tlaxcalteca, que luego pasó a la capital Monterrey, es el siglo XIX y la industrialización de México, pero cuando uno va buscando esas huellas uno va viendo cómo dejamos una impronta cultural en cada uno de los lugares donde pasó el tlaxcalteca, teniendo una cultura de ese tamaño, de esa potencia, que, insisto, somos una cultura madre, que se siembra y engendra nuevas culturas a partir de ella.
“Yo pienso y lo he dicho que tenemos que emprender una nueva reconquista de México desde la cultura tlaxcalteca, porque somos una cultura madre y tenemos que buscar ese lugar reivindicatorio en el panorama cultural mexicano total. Tenemos que seguir ese ejemplo que está en el Lienzo de Tlaxcala, de nuestros antepasados saliendo a conquistar y definitivamente volviéndolo hacer, sin miedo y con mucha dignidad”.
–Tengo la impresión de que existe un divorcio entre el orgullo del ser tlaxcalteca y el conocimiento de los tlaxcaltecas de sí mismo. ¿Compartes esta idea?
–Puede ser, y eso don Pablo González Casanova lo dice como colonialismo interno, a veces, las propias estructuras de la vida social y económica te dicen esto está bien, esto está mal, pero esas estructuras están contaminadas con racismo, con discriminación, entonces vamos normando ese tipo de cosas.
“Por eso para mí es tan importante, para las instituciones de cultura es tan importante reivindicar lo tlaxcalteca y que los propios tlaxcaltecas entendamos de dónde venimos, qué hacemos, para poder portar el orgullo que ya lo portan todos los días muchas otras comunidades.
“Pero sí, lamentablemente, ese colonialismo interno ha hecho que los tlaxcaltecas no se pongan a revisar con pasión, con amor, con todos los elementos, su cultura y a partir de ahí proyectarla, en lugar de decir que son españoles o poblanos, no, somos tlaxcaltecas, y esa es la virtud, poder encontrar ese camino de origen para siempre tener a donde regresar. Es como el regreso de Itaca siempre, Tlaxcala es eso, el poder regresar a esa tierra soñada y entenderlo como eso”.
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