La mayoría de la marihuana ahora se produce en Estados Unidos, mientras que los narcotraficantes mexicanos han encontrado nuevas estrategias para expandir sus mercados.
Actualmente, la mayor parte de la marihuana que se consume en los Estados Unidos se produce en dicho país, debido a los procesos de legalización y despenalización en curso en varios de sus estados.
Esto ha golpeado a los grupos del crimen organizado mexicano y aumentado los precios de esta droga en México. Sin embargo, la organización InSight Crime encontró que los narcotraficantes han encontrado nuevas estrategias para expandir sus mercados.
La investigación “El fin de la marihuana (ilegal): lo que significa para la dinámica criminal en México”, publicada este miércoles, profundiza en cómo la legalización de la marihuana en EU está impactando al crimen organizado.
Para ella, los expertos realizaron entrevistas en Baja California, Sinaloa y la Ciudad de México a cultivadores de cannabis, agricultores, empresarios, funcionarios del gobierno estatal y federal, consumidores de marihuana, activistas, expertos en seguridad y académicos, entre otros.
Asimismo, visitaron varios dispensarios y antiguos centros de producción, al tiempo que analizaron datos gubernamentales sobre incautaciones de drogas y tendencias de consumo, casos judiciales y estudios previos sobre el tema.
Con ello, encontraron que la marihuana ya no es prioridad de las autoridades, por lo que sus incautaciones en la frontera y en México han disminuido constantemente durante la última década. Igualmente, el ejército mexicano erradica menos plantaciones cada año.
En cambio, el gobierno se centran cada vez más en el tráfico de drogas sintéticas, que están reemplazando rápidamente a aquellas de origen vegetal.
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Este último negocio ilícito está disminuyendo debido a la legalización en EU, ya que la demanda se ha reducido. En 2006, un kilogramo de marihuana de baja calidad se vendía en México a unos 800 pesos, o 40 dólares. Hoy, ese mismo kilogramo se vende por alrededor de un tercio de ese precio, apunta el texto.
Ante la caída de precios, grupos como el Cartel de Sinaloa se han movido hacia la producción y exportación de drogas sintéticas. Con ello, han dejado de depender de las comunidades agrícolas para cosechar cultivos ilícitos, de quienes antes producían cannabis.
Como resultado, los pobladores rurales que tradicionalmente producían la marihuana están migrando a otros cultivos o programas de desarrollo financiado por el gobierno o buscando formas de entrar al negocio legal de la venta de esta droga.
Igualmente, se han incursionado en trabajos de entrega o se convierten en camioneros en otras ciudades importantes como Culiacán, Los Mochis y Mazatlán.
Sin embargo, estos habitantes aún viven bajo la amenaza constante de la violencia de los grupos criminales, pero ya no obtienen el tipo de beneficios económicos que alguna vez recibieron del tráfico de drogas, sostiene la investigación.
En contraste, los grupos criminales se han adaptado a estos cambios y han diversificando sus operaciones para capitalizar nuevos mercados. Además, ahora dominan el tráfico de drogas sintéticas hacia los Estados Unidos, lo que les genera mayores ingresos.
Asimismo, las ventas de cannabis en los estados legales de EU se extienden a lugares donde aún son ilícitas, mientras que los narcotraficantes mexicanos están buscando capitalizar el mercado de consumo local en México.
Esto también ha generado mayores amenazas para los trabajadores agrícolas, los conductores de camiones y otras personas que trabajan muchas horas por poco dinero. Para ellos, el consumo de drogas sintéticas baratas, especialmente la metanfetamina, se ha convertido en parte de su rutina.
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Esta última es ahora una de las drogas de las que más se abusa y un número cada vez mayor de personas buscan tratamiento por el uso de fentanilo, según datos del Observatorio Mexicano de Salud Mental y Consumo de Drogas.
La investigación detalla que en Culiacán, Sinaloa, existen por lo menos 18 dispensarios informales de marihuana, donde se venden drogas que se pueden pagar con pesos mexicanos, dólares estadounidenses, transferencias bancarias e incluso Bitcoin.
Además de tiendas como estas, Ovidio Guzmán López, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar tienen un control firme sobre la venta callejera de drogas en Culiacán.
En conjunto son conocidos como los Chapitos. Los tres son los hijos de Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”, el exlíder del Cártel de Sinaloa, quien ahora está encarcelado de por vida en una prisión de máxima seguridad de Estados Unidos.
Por cada hijo, el gobierno de los EE. UU. ahora ofrece una recompensa de $5 millones a cualquiera que pueda proporcionar información que conduzca a su arresto para desmantelar la organización criminal.
En la entidad del norte del país, los chapitos deciden dónde y cuándo se debe mover la droga. Asimismo, establecen el precio en cada paso de la cadena de producción, y seleccionan a quién vender y quién no. Las personas que no siguen estas reglas sufren las consecuencias, que pueden ser fatales, apunta InSight Crime.
Además, los hijos de El Chapo manejan un vasto mercado de metanfetamina y fentanilo. A diferencia de la marihuana, estas no requiere grandes extensiones de tierra o un clima específico. Los laboratorios de drogas sintéticas pueden operar en cualquier lugar donde haya electricidad, agua y ventilación, explica la investigación.
La gran mayoría de esta producción clandestina tiene como destino a los consumidores de Estados Unidos, pero una parte creciente se queda en las principales ciudades como Culiacán, donde los chapitos fijan el precio.
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