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Disco duro | Votar o no votar – El Sol de México

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abril 02, 2022

Alejandro Jiménez

Periodista con más de tres décadas de experiencia, ocupando siempre puestos editoriales desde columnista de negocios turísticos, redactor de temas de seguridad nacional, Subdirector de Opinión. Cotitular de programas informativos en Radio ABC y Radio Ibero. Coautor del libro “México Armado, Crónica de la Guerrilla en México 1943-1981”. Analista de temas de seguridad de la cadena NTN24. Tengo maestría en Administración por la Universidad Iberoamericana. Actualmente soy el Coordinador nacional de Opinión de la Organización Editorial Mexicana. Voy Pumas y disfruto el tenis.

Alejandro Jiménez

Periodista con más de tres décadas de experiencia, ocupando siempre puestos editoriales desde columnista de negocios turísticos, redactor de temas de seguridad nacional, Subdirector de Opinión. Cotitular de programas informativos en Radio ABC y Radio Ibero. Coautor del libro “México Armado, Crónica de la Guerrilla en México 1943-1981”. Analista de temas de seguridad de la cadena NTN24. Tengo maestría en Administración por la Universidad Iberoamericana. Actualmente soy el Coordinador nacional de Opinión de la Organización Editorial Mexicana. Voy Pumas y disfruto el tenis.
  / sábado 2 de abril de 2022
Expongo mis razones par no ir a las urnas el próximo 10 de abril. Entiendo que el de revocación es un ejercicio reconocido en varios países pero que tiende a asentarse en democracias plebiscitarias, no en democracias electorales como la nuestra no en las parlamentarias.
En el que se aproxima veo varios defectos:
1. No era un reclamo social de nadie. Solo de AMLO. Nadie hablaba que eso fuera prioritario.
2. Viola la Constitución al sustituir procesos democráticos electorales por uno menor plebiscitario. La constitución es clara que quien ejerce el cargo de presidente de la republica lo tendrá que hacer por seis años.
3. Dice AMLO que ya queda el ejercicio para futuros presidentes, para que no haya quien se sienta inamovible, que el pueblo pone y el pueblo quita, suplantando con ejercicios intermedios y menores la voluntad ciudadana asentada en las urnas en procesos electorales mayores
4. Por lo mismo tiende a minar la autoridad de la autoridad electoral INE, objetivo principal, creo, del presidente.
5. De ahí que haya aprovechado este ejercicio para radicalizar sus injustas críticas al INE y manejar una narrativa de que es necesario borrarlo del mapa y poner autoridades electorales electas “por el pueblo”, o sea por él, que es el único capaz desde su perspectiva de interpretar los deseos “del pueblo”. Como él y el pueblo son lo mismo, pues queda clara la intención de apropiación del órgano electoral.
6. Tiende a perpetuar un estado de elecciones y candidaturas permanentes. A él le gusta ser candidato. Pero que él se sienta cómodo en esa zona, no quiere decir que el país tenga que vivir a su ritmo. Hay tiempo de elecciones y hay tiempo de trabajar.
7. El ejercicio me parece innecesario porque Morena y en particular AMLO tienen una ventaja en las preferencias de la población, que si bien no es la misma de 2018, les da para mantenerse en el poder. No hay razón para gastar miles de millones de pesos, de los que el propio AMLO regatea a medicinas por ejemplo, en un ejercicio innecesario.
8. Sobre la marcha cambiaron la ley a modo para que ya se pueda hacer propaganda con recursos públicos y funcionarios en franca violación al principio de equidad electoral que debe regirnos siempre. Cambiar las reglas el juego, durante el propio juego, es de tramposos.
9. Otro problema: siendo un ejercicio de revocación de mandato, su militancia lo ha convertido en uno de ratificación. Esto tiene más tintes electorales hacia el 2024, que de democracia plebiscitaria. El enorme y millonario despliegue de anuncios espectaculares (que se tendrá que explicar más allá del simple y poco creíble dicho que son “donaciones”) pidiendo que se ratifique al mandatario más parece propaganda futurista.
10. Esto nos lleva al manejo mentiroso que Morena ha hecho del proceso, con propaganda del estilo de que si no votas por AMLO te van a quitar apoyos del bienestar, becas, pensiones a los ancianos. Que toda la prosperidad que ha creado, la van a dilapidar los corruptos. Meter miedo a la población con mentiras es vil.
11. Por todo lo anterior no me siento cómodo con ese ejercicio, no lo reconozco como propio. Fui testigo como ciudadano y periodista de las batallas para crear un INE autónomo e independiente, de donde surgieron personajes impecables como Jose Woldenberg o Mauricio Merino, como para ahora prestarme a regresárselo (simbólicamente hablando) a Manuel Barttlet, el último secretario de Gobernación que organizó una elección a modo y fraudulenta. Para dar ese paso atrás, prefiero abstenerme.
12. Sí votare en 2024, y defenderé desde mi trinchera la democracia electoral y no la plebiscitaria tramposa que nos quieren vender.
Expongo mis razones par no ir a las urnas el próximo 10 de abril. Entiendo que el de revocación es un ejercicio reconocido en varios países pero que tiende a asentarse en democracias plebiscitarias, no en democracias electorales como la nuestra no en las parlamentarias.
En el que se aproxima veo varios defectos:
1. No era un reclamo social de nadie. Solo de AMLO. Nadie hablaba que eso fuera prioritario.
2. Viola la Constitución al sustituir procesos democráticos electorales por uno menor plebiscitario. La constitución es clara que quien ejerce el cargo de presidente de la republica lo tendrá que hacer por seis años.
3. Dice AMLO que ya queda el ejercicio para futuros presidentes, para que no haya quien se sienta inamovible, que el pueblo pone y el pueblo quita, suplantando con ejercicios intermedios y menores la voluntad ciudadana asentada en las urnas en procesos electorales mayores
4. Por lo mismo tiende a minar la autoridad de la autoridad electoral INE, objetivo principal, creo, del presidente.
5. De ahí que haya aprovechado este ejercicio para radicalizar sus injustas críticas al INE y manejar una narrativa de que es necesario borrarlo del mapa y poner autoridades electorales electas “por el pueblo”, o sea por él, que es el único capaz desde su perspectiva de interpretar los deseos “del pueblo”. Como él y el pueblo son lo mismo, pues queda clara la intención de apropiación del órgano electoral.
6. Tiende a perpetuar un estado de elecciones y candidaturas permanentes. A él le gusta ser candidato. Pero que él se sienta cómodo en esa zona, no quiere decir que el país tenga que vivir a su ritmo. Hay tiempo de elecciones y hay tiempo de trabajar.
7. El ejercicio me parece innecesario porque Morena y en particular AMLO tienen una ventaja en las preferencias de la población, que si bien no es la misma de 2018, les da para mantenerse en el poder. No hay razón para gastar miles de millones de pesos, de los que el propio AMLO regatea a medicinas por ejemplo, en un ejercicio innecesario.
8. Sobre la marcha cambiaron la ley a modo para que ya se pueda hacer propaganda con recursos públicos y funcionarios en franca violación al principio de equidad electoral que debe regirnos siempre. Cambiar las reglas el juego, durante el propio juego, es de tramposos.
9. Otro problema: siendo un ejercicio de revocación de mandato, su militancia lo ha convertido en uno de ratificación. Esto tiene más tintes electorales hacia el 2024, que de democracia plebiscitaria. El enorme y millonario despliegue de anuncios espectaculares (que se tendrá que explicar más allá del simple y poco creíble dicho que son “donaciones”) pidiendo que se ratifique al mandatario más parece propaganda futurista.
10. Esto nos lleva al manejo mentiroso que Morena ha hecho del proceso, con propaganda del estilo de que si no votas por AMLO te van a quitar apoyos del bienestar, becas, pensiones a los ancianos. Que toda la prosperidad que ha creado, la van a dilapidar los corruptos. Meter miedo a la población con mentiras es vil.
11. Por todo lo anterior no me siento cómodo con ese ejercicio, no lo reconozco como propio. Fui testigo como ciudadano y periodista de las batallas para crear un INE autónomo e independiente, de donde surgieron personajes impecables como Jose Woldenberg o Mauricio Merino, como para ahora prestarme a regresárselo (simbólicamente hablando) a Manuel Barttlet, el último secretario de Gobernación que organizó una elección a modo y fraudulenta. Para dar ese paso atrás, prefiero abstenerme.
12. Sí votare en 2024, y defenderé desde mi trinchera la democracia electoral y no la plebiscitaria tramposa que nos quieren vender.
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