Flor Yañez
/ martes 27 de diciembre de 2022
En diciembre se festeja la navidad, una de las celebraciones más importantes dentro del cristianismo que conmemora el nacimiento de Jesús. La ciudad de viste de colores navideños y en las plazas públicas, se colocan belenes, árboles de navidad, coronas, campanas y demás símbolos alusivos, principalmente a la religión católica. Recientemente causó revuelo que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) aceptara para análisis, el proyecto de prohibir la instalación de nacimientos navideños, así como cualquier adorno alusivo a una convicción religiosa particular en lugares públicos y gubernamentales, por atentar contra la libertad religiosa y los principios constitucionales de un estado laico de igualdad y no discriminación.
En México predomina la religión católica. El INEGI registró en el 2020 que existen 90,224,559 personas que profesan la religión católica; 16, 118, 762 que tienen una religión distinta a la católica; y 9, 156, 555, que no tienen religión. Con estas cifras, quitar los adornos navideños pareciera un escándalo, principalmente para católicos, por considerar que se estarían violando su derecho a profesar su religión. Algunos aluden a que más que un símbolo religioso, los pesebres se han convertido en una insignia de identidad cultural no necesariamente religiosa, por tanto, deberían permanecer. En el siglo XVI, Martín Lutero denunció los abusos de la Iglesia católica, provocando una ruptura hacia el protestantismo. La Iglesia comenzó a perder feligreses que e fueron con con Lutero y en 1528, organizó el Concilio de Trento para reestructurarse y diseñar estrategias para recuperar a los “clientes perdidos”. Con la contrarreforma, identificaron las debilidades del protestantismo. En un mundo donde pocos sabían leer, el arte fue la mejor forma de comunicar un mensaje a gran escala y se comenzó a usar con intenciones propagandísticas y de “marketing”; se convirtió en el principal vehículo para compartir el mensaje de Dios.
La libertad religiosa es un derecho humano. Aunque exista una minoría de una sola persona, se le debe tomar en cuenta, no esperar a que luche por sí misma para incluirse. Es debatible el razonamiento de que un nacimiento no implica profesar la fe católica y que ya forma parte de la cultura. Mencionar que en México hay una sola cultura, es un error, porque son tan abundantes y cada una define sus propios símbolos, que es imposible hablar de un sólo grupo. La Iglesia Católica ha perdido referente al Censo de 2010, el 5% de sus “clientes”. Con estos datos pienso satíricamente si la Iglesia no estará preparando otra estrategia de “marketing” como sucedió en el siglo XVI y usar las festividades con bellos adornos para prevalecer y que la gente no se vaya con la competencia. La religió se ha utilizado como medio para manipular a las masas, quizá por eso AMLO no estuvo de acuerdo con esta propuesta.
Se debe reflexionar dónde empieza lo religioso y dónde la tradición. El análisis de quitar los nacimientos es un caso sin precedente. Le corresponde a la SCJN decidir si los símbolos que se exhiben violan garantías y los derechos de las minorías y de ser así, repensar las libertades religiosas dentro de un contexto de derecho humanos. Por lo pronto, disfrute de sus vacaciones decembrinas.
En diciembre se festeja la navidad, una de las celebraciones más importantes dentro del cristianismo que conmemora el nacimiento de Jesús. La ciudad de viste de colores navideños y en las plazas públicas, se colocan belenes, árboles de navidad, coronas, campanas y demás símbolos alusivos, principalmente a la religión católica. Recientemente causó revuelo que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) aceptara para análisis, el proyecto de prohibir la instalación de nacimientos navideños, así como cualquier adorno alusivo a una convicción religiosa particular en lugares públicos y gubernamentales, por atentar contra la libertad religiosa y los principios constitucionales de un estado laico de igualdad y no discriminación.
En México predomina la religión católica. El INEGI registró en el 2020 que existen 90,224,559 personas que profesan la religión católica; 16, 118, 762 que tienen una religión distinta a la católica; y 9, 156, 555, que no tienen religión. Con estas cifras, quitar los adornos navideños pareciera un escándalo, principalmente para católicos, por considerar que se estarían violando su derecho a profesar su religión. Algunos aluden a que más que un símbolo religioso, los pesebres se han convertido en una insignia de identidad cultural no necesariamente religiosa, por tanto, deberían permanecer. En el siglo XVI, Martín Lutero denunció los abusos de la Iglesia católica, provocando una ruptura hacia el protestantismo. La Iglesia comenzó a perder feligreses que e fueron con con Lutero y en 1528, organizó el Concilio de Trento para reestructurarse y diseñar estrategias para recuperar a los “clientes perdidos”. Con la contrarreforma, identificaron las debilidades del protestantismo. En un mundo donde pocos sabían leer, el arte fue la mejor forma de comunicar un mensaje a gran escala y se comenzó a usar con intenciones propagandísticas y de “marketing”; se convirtió en el principal vehículo para compartir el mensaje de Dios.
La libertad religiosa es un derecho humano. Aunque exista una minoría de una sola persona, se le debe tomar en cuenta, no esperar a que luche por sí misma para incluirse. Es debatible el razonamiento de que un nacimiento no implica profesar la fe católica y que ya forma parte de la cultura. Mencionar que en México hay una sola cultura, es un error, porque son tan abundantes y cada una define sus propios símbolos, que es imposible hablar de un sólo grupo. La Iglesia Católica ha perdido referente al Censo de 2010, el 5% de sus “clientes”. Con estos datos pienso satíricamente si la Iglesia no estará preparando otra estrategia de “marketing” como sucedió en el siglo XVI y usar las festividades con bellos adornos para prevalecer y que la gente no se vaya con la competencia. La religió se ha utilizado como medio para manipular a las masas, quizá por eso AMLO no estuvo de acuerdo con esta propuesta.
Se debe reflexionar dónde empieza lo religioso y dónde la tradición. El análisis de quitar los nacimientos es un caso sin precedente. Le corresponde a la SCJN decidir si los símbolos que se exhiben violan garantías y los derechos de las minorías y de ser así, repensar las libertades religiosas dentro de un contexto de derecho humanos. Por lo pronto, disfrute de sus vacaciones decembrinas.
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