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Arte y cultura

Sonido La Changa, la historia del legendario sonidero mexicano – Milenio

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febrero 13, 2022

Cuando Ramón Rojo Villa toma el micrófono, todos se preparan para gastar las suelas de sus zapatos y sudar, pues saben que se avecina una avalancha de sonidos cadenciosos a través del proyecto del que él es fundador y única cabeza: Sonido La Changa.
Legendario por sus años en activo y su impacto a nivel mundial, La Changa comenzó su aventura musical en 1968 dentro del barrio más bravo de la Ciudad de México: Tepito.

Nacido en el número 25 de la calle Caridad, Ramón pasó su infancia y adolescencia ayudando a sus tíos con “las compras que hacían de cosas usadas”. Y fue en una tienda de discos que adquirieron en la calle de Argentina, Centro Histórico, donde descubrió su gusto por la música, sobre todo de la Sonora Matancera.


Foto: Facebook Ramón Rojo
Pero antes de las giras, los grandes escenarios y el reconocimiento de la gente, recuerda que debutó con “un sonido de bulbos, una trompeta, un bafle”, y otro nombre: Aves del Trópico.
¿De dónde vino La Changa? De la radionovela Chucho el Roto, aquel personaje que robaba a los ricos para dárselos a los pobres: “Le ayudaban El Rorro y La Changa, y ahí agarré el apodo”, cuenta orgulloso.
Ramón añora esos tiempos en que “todo mundo bailaba, había clubs de baile, chicos que bailaban perfectamente bien la huaracha, la cumbia y el danzón”, pues ve con tristeza que en la actualidad el estilo llamado ‘wepa’ acapara las pistas de baile, “y no salen del mismo ritmo. A esa música le puse ‘Música de chiripiorcas’, porque todos bailan lo mismo”.
Aunque esta situación lo ha llevado a fijarse un reto personal: el de volver a empapar de “la verdadera música sonidera, la cubana, colombiana, puertorriqueña y neoyorquina” a las nuevas generaciones.
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Para esta lucha, La Changa cuenta con un gran acervo musical, acrecentado en sus numerosos viajes: “Antes viajaba a Colombia. Pagaba un boleto de avión, ida y vuelta, e iba a los lugares donde había mercados a buscar discos de acetato de orquestas, de cantantes, de música tropical”.

Además, no pierde la conexión con bandas y cantantes; los proyectos nuevos le hacen llegar sus canciones, mientras que los consolidados no dejan de agradecerle por darlos a conocer en todos los barrios: “Mis ahijados, Los Ángeles Azules, me agradecen por ponerl sus discos de acetato. Poco a poco me fui dando a conocer con toda esa gente, todos esos amigos que ya son muy populares, yo los di a conocer. Y gente que se me acerca con el fin de darlos a conocer, por ejemplo, Súper Grupo Colombia o Son de Puebla”.
Este 2022 puede darse la revancha de La Changa en Estados Unidos, luego de una experiencia previa que acabó con Ramón encerrado en una cárcel de Utah y vetado durante 10 años del país vecino (castigo que finalizó en 2020).
Aunque este viaje es el único que cuenta como mala experiencia, pues en otros lugares, por ejemplo, Portugal, todo ha sido grato.
A nivel local también tiene ubicados grandes momentos, uno es el Festival Vive Latino de 2014: “Yo veía banderas de Venezuela, Colombia, estaba lleno el lugar. En un momento empezó a llover y aproveché para poner la salsa Gotas de lluvia, de Grupo Niche, y como anillo al dedo ¡Querían otra! Pero quedé encantado, cosas que se guardan en el corazón”.
Aunque actualmente vive en Huehuetoca – “en cierto momento tenemos que buscar la comodidad tras haber trabajado por muchos años para vivir en paz con la familia” –, Ramón no olvida su barrio, Tepito, y cada que puede vuelve a él.
Tampoco olvida esas voces que hace años lo convencieron que se podía vivir de la música, por ejemplo el puertorriqueño Héctor Lavoe, a quien logró conocer.

Foto: Facebook Ramón Rojo
Igual menciona a Gilberto Santa Rosa, Frankie Ruiz y Maelo Ruiz como modelos a seguir en la música.
Y sobre el hecho que ahora él es el ídolo de miles de personas, lo único que se atreve a decir es un consejo: “Hay que ser humildes, sencillos, portarse bien con el público. Nunca debe uno de despegar los pies. Yo voy en la calle, la gente me habla y fotos, autógrafos… eso es lo que tiene La Changa: humildad, que no se sube la fama a la cabeza. No olvidar las raíces, de qué manera sufrió uno, las desveladas, malpasadas, todo eso a mí no se me olvida. El público nos sube y nos baja”.
Por último, Ramón Rojo Villa viaja en el tiempo y recuerda que su mamá, chapada a la antigua, cuando lo veía con sus acetatos en la mano, le decía: “‘¿Qué estás haciendo? Ponte a estudiar, ahí qué vas a lograr con una bola de borrachos’. ¿Y dónde llegó su hijo? A ser el número uno de los sonideros”.

hc
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