Ciencia y Tecnología

México necesita potenciar la tecnología en la educación secundaria – La Vanguardia

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enero 31, 2022

Lectores corresponsales
Miguel Ángel Gallegos, con alumnos de secundaria en una clase con ordenadores.
Miguel Ángel Gallegos Cárdenas
Ciudad de México (México)
* El autor forma parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia.
El impulso al desarrollo tecnológico no es una opción voluntaria, más bien es el camino a seguir para los países que aspiran a posicionarse como potencias económicas en el mundo. 
Esto no es nuevo, es una constante y factor del progreso en diversos países, particularmente en los asiáticos. Evidencia de ello son los datos que presenta el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el informe Perspectivas de la Economía Mundial 2021.
En dicho estudio se prevé que China, India, Japón e Indonesia estarán en el año 2024 entre las siete economías más importantes del planeta. 
Se vislumbra que el primer lugar lo ocupará el país más poblado del mundo, el cual, en este momento, es la segunda mayor economía mundial. Por el contrario, México ha retrocedido en la posición que ocupaba en los últimos años.
Vista del logotipo de la empresa china de tecnología móvil Huawei junto a una bandera estadounidense, en Kuala Lumpur, Malasia.
De hecho, las empresas que más vienen incrementado su capitalización son las tecnológicas, que al mismo tiempo generan y contribuyen al desarrollo económico de los países en los que están establecidas.
La producción masiva e invención de productos, requiere de conocimientos, experiencia y formación. Entonces, cabe pensar que, según la evidencia asiática, los países que aspiren a incrementar su Producto Interno Bruto (PIB), tendrían que empoderar de conocimiento tecnológico a las generaciones de estudiantes en todos los niveles escolares. 
Esto daría la posibilidad para trabajar poco a poco en dejar de ser solo consumidores y, en vez de ello, productores de tecnología.
Carlota Pérez (2004), en su obra Revoluciones Tecnológicas y Capital Financiero, habla de la relación entre las innovaciones básicas, el cambio tecnológico e institucional, y el desarrollo económico que permite a las naciones repuntar en el ámbito internacional, dado que dichas transformaciones promueven variaciones y mejoras en lo económico, político y social. 
Aunque ella misma alerta que no es conveniente pretender emular estrategias que a otros les han resultado exitosas, porque dichas prácticas solo funcionan de acuerdo a la situación particular de un país, empresa o industria en un momento específico del cambiante contexto internacional; más aún en tiempos de pandemia y de transformación socio-digital.
Un joven utiliza un ordenador en un cibercafé en Pekín (China).
Es necesario considerar que, si las revoluciones tecnológicas están siempre presentes, conformando nuevos paradigmas y sentidos de vida en la sociedad, entonces, enseñar sobre tecnología a los jóvenes, es y será siempre una gran estrategia e inversión para pensar en posicionar a una nación como potencia económica. 
Podemos afirmar que para conformar una gran sociedad hay que brindarle educación tecnológica, la evidencia de las potencias internacionales es prueba de ello.
Recordemos que, desde el siglo XIX, se planteaba el objetivo de conformar un nivel secundario de educación en los llamados “liceos”, con el fin de brindar una formación y visión general de las diversas áreas del conocimiento en los educandos. 
El artículo 8 de la Ley de Instrucción Pública de 1865, consideraba en su tira de materias enseñar tecnología a los estudiantes de este nivel de educación secundaria (Larroyo, 1973). 
Es conveniente destacar que desde esos tiempos se consideró necesario enseñar el conocimiento de las máquinas usadas en la vida cotidiana, en la industria y en el comercio, lo que indudablemente pretendía influir en la conformación de una sociedad más prospera.
La consolidación de la propuesta de complementar a la educación primaria o elemental se daría hasta 1915, en el Congreso Pedagógico de Veracruz, del cual derivó la Ley de educación popular del Estado. Este acto sentó las bases para instituir de manera formal la educación secundaria, pasando a partir de ese momento por diferentes etapas, hasta su oficialización.
Universitarios, en clase, con sus computadoras.
Poco después de la creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en 1921, Moisés Sáenz, como funcionario de dicha secretaría, pondría en marcha el departamento de escuelas secundarias y, en 1925, crearía la Dirección General de Escuelas Secundarias (Zorrilla, 2004). 
Con el tiempo, y bajo la dirección de grandes personajes en la historia de la educación, se fueron conformando distintas estructuras institucionales que permitirían impartir la educación secundaria, hasta llegar a las modalidades que en la actualidad se conocen: secundaria general, secundaria técnica y telesecundaria.
Conviene destacar que la enseñanza de tecnología en este nivel educativo ha sido impulsada desde los planes y programas de estudio de la SEP, lo que afortunadamente permanece vigente hasta el Plan de Estudios 2011, que es el que actualmente predomina en los procesos educativos en las escuelas secundarias en México.
En dicho plan, la asignatura de Tecnología se dispone al “estudio de la técnica y sus procesos de cambio, considerando sus implicaciones en la sociedad y en la naturaleza; busca que los estudiantes logren una formación tecnológica que integre el saber teórico-conceptual del campo de la tecnología y el saber hacer técnico-instrumental para el desarrollo de procesos técnicos…”, lo cual es más que oportuno para los tiempos de Revolución Tecno-Industrial que vive la sociedad.
Una universitaria con su computadora en clase.
De hecho, al revisar el llamado Acuerdo número 593, que establece los Programas de Estudio de dicha asignatura, encontramos relevantes campos tecnológicos de estudio, como son: Tecnologías agropecuarias y pesqueras; de alimentos; de la producción; de la construcción; de la información y la comunicación y; de la salud, los servicios y la recreación. 
Siendo estos brindados en diversos énfasis de cada campo, impartiéndose un total de 28 en secundarias técnicas, 18 en secundarias generales y 27 en telesecundarias. 
Esta estrategia educativa debe de promoverse e impulsarse con mayor fuerza, dado que actualmente, únicamente se imparten 8 horas a la semana en secundarias técnicas y 3 horas semanales en secundarias generales y en telesecundaria.
Si se observan a profundidad las bondades y consideraciones que tendría el proyecto de nación al dar continuidad e impulsar la enseñanza tecnológica, seguramente en algunos años nuestra nación ocupará una mejor posición en la economía mundial, lo que dará un nuevo sentido a la sociedad mexicana.
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