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Los sistemas sociales – El Sol de México

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marzo 13, 2022

Javier Oliva

Javier Oliva

  / domingo 13 de marzo de 2022
En su libro, ¿Podremos vivir juntos? (FCE), Alain Touraine, reflexiona en torno a las condiciones necesarias y básicas, para que la democracia, como estilo de vida y no sólo como procedimiento electoral, pueda fortalecerse. Publicado en francés en 1997 y traducido al español en el mismo año, es un texto, que no obstante el paso de los años, sigue teniendo al frescura de la propuesta para nutrir el debate en torno a conceptos como tolerancia, pluralismo, debate, convivencia, multicultural, entre otros.
Una de las principales características de las democracias contemporáneas, capaces de procesar la alternancia en la representación popular y las naturales discrepancias en la sociedad, es la pluralidad. Aunado a lo anterior, las condiciones para que las personas en lo individual, decidan convivir, se convierte por tanto, en una de las bases de las prácticas de la democracia. En otras palabras, hacer de la ciudadanía una determinación consistente en las dinámicas en donde por inercia y/o convicción, se da el ambiente propicio para el trabajo colectivo, la solidaridad.
En sentido estricto, las posturas extremas en la política, rechazan el pluralismo y por lo tanto el debate. Entendiendo éste, como el intercambio de argumentos y datos, en donde prevalece, por una parte, la disposición a escuchar a quienes piensan diferente a nosotros, pero que en ese ejercicio de argumentación, obliga a los participantes, a estructurar y fundamentar de la mejor manera sus posturas. De allí que en la formación de las democracias liberales, el Poder Legislativo, tenga además de su responsabilidad para crear leyes, representa la calidad, nivel, consistencia y sobre todo, la disposición a vivir juntos.
La exclusión, el radicalismo y las posturas extremas, implican algunos de los principales riesgos para conseguir la continuidad de ese ambiente propicio para escuchar y ser escuchado. Por eso, la parte práctica de la democracia antecede a la que corresponde a los procedimientos convencionales (elecciones), que son, al final, la expresión visible de las prácticas cívicas que construyen ciudadanía. En consecuencia, es un tarea compartida el poder vivir juntos, en donde las naturales discrepancias, son contenidas o procesadas sin que alteren sustancialmente los canales cotidianos ni mucho menos, los institucionales.
Ese es el punto preciso de convergencia entre la ética personal, la política y la democracia. Por eso, la decisión personal de auspiciar los procedimientos de convivencia, sea lo que antecede y por tanto, fortalece al funcionamiento en general del sistema social y por lo tanto, del sistema político. Para nuestros años, esta aparente, sencilla dinámica, se ha vuelto compleja e incluso distante de lo que se supondría es el espíritu y naturaleza que da origen de la representación política, la pluralidad y al fin, de la democracia.
Nuestra sociedad debe persistir, en preservar las condiciones cotidianas para vivir juntos. Esto hará que mejor funcione nuestra democracia representativa.

javierolivaposada@gmail.com
@JOPso
En su libro, ¿Podremos vivir juntos? (FCE), Alain Touraine, reflexiona en torno a las condiciones necesarias y básicas, para que la democracia, como estilo de vida y no sólo como procedimiento electoral, pueda fortalecerse. Publicado en francés en 1997 y traducido al español en el mismo año, es un texto, que no obstante el paso de los años, sigue teniendo al frescura de la propuesta para nutrir el debate en torno a conceptos como tolerancia, pluralismo, debate, convivencia, multicultural, entre otros.
Una de las principales características de las democracias contemporáneas, capaces de procesar la alternancia en la representación popular y las naturales discrepancias en la sociedad, es la pluralidad. Aunado a lo anterior, las condiciones para que las personas en lo individual, decidan convivir, se convierte por tanto, en una de las bases de las prácticas de la democracia. En otras palabras, hacer de la ciudadanía una determinación consistente en las dinámicas en donde por inercia y/o convicción, se da el ambiente propicio para el trabajo colectivo, la solidaridad.
En sentido estricto, las posturas extremas en la política, rechazan el pluralismo y por lo tanto el debate. Entendiendo éste, como el intercambio de argumentos y datos, en donde prevalece, por una parte, la disposición a escuchar a quienes piensan diferente a nosotros, pero que en ese ejercicio de argumentación, obliga a los participantes, a estructurar y fundamentar de la mejor manera sus posturas. De allí que en la formación de las democracias liberales, el Poder Legislativo, tenga además de su responsabilidad para crear leyes, representa la calidad, nivel, consistencia y sobre todo, la disposición a vivir juntos.
La exclusión, el radicalismo y las posturas extremas, implican algunos de los principales riesgos para conseguir la continuidad de ese ambiente propicio para escuchar y ser escuchado. Por eso, la parte práctica de la democracia antecede a la que corresponde a los procedimientos convencionales (elecciones), que son, al final, la expresión visible de las prácticas cívicas que construyen ciudadanía. En consecuencia, es un tarea compartida el poder vivir juntos, en donde las naturales discrepancias, son contenidas o procesadas sin que alteren sustancialmente los canales cotidianos ni mucho menos, los institucionales.
Ese es el punto preciso de convergencia entre la ética personal, la política y la democracia. Por eso, la decisión personal de auspiciar los procedimientos de convivencia, sea lo que antecede y por tanto, fortalece al funcionamiento en general del sistema social y por lo tanto, del sistema político. Para nuestros años, esta aparente, sencilla dinámica, se ha vuelto compleja e incluso distante de lo que se supondría es el espíritu y naturaleza que da origen de la representación política, la pluralidad y al fin, de la democracia.
Nuestra sociedad debe persistir, en preservar las condiciones cotidianas para vivir juntos. Esto hará que mejor funcione nuestra democracia representativa.

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