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López Obrador, ante los cuestionamientos sobre su salud: “Me siento bien” – EL PAÍS México

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febrero 09, 2022

La salud de Andrés Manuel López Obrador ha estado en el punto de mira durante las últimas dos semanas. El presidente de México, de 68 años, ha pedido tranquilidad después de superar un segundo contagio de covid-19 y someterse a un cateterismo, un procedimiento cardíaco, tras realizarse un examen de rutina el pasado viernes. Los cuestionamientos sobre el estado físico del mandatario se ahondaron durante el fin de semana, cuando señaló que tenía un “testamento político” en caso de fallecer o enfermar de gravedad en el cargo. “Me garantizaron los médicos que puedo seguir adelante y me siento bien de salud, con mucho ánimo y entusiasmo”, ha dicho el político este lunes en su conferencia mañanera y ha agregado que la decisión de tener un testamento es para garantizar la gobernabilidad del país y la continuidad de su proyecto de gobierno.
“Tengo desde hace algún tiempo un testamento y ya siendo presidente, le agregué un texto que tiene, como lo dije en el video, el propósito de que en el caso de mi fallecimiento, se garantice la continuidad en el proceso de transformación, que las cosas se den sin sobresaltos y sin afectar el desarrollo del país”, ha comentado López Obrador. El presidente ha reconocido que su declaración, grabada menos de 24 horas después de ser internado en un hospital militar de Ciudad de México, había generado “inquietud”, pero ha defendido que “sería irresponsable” no prever ese escenario.
El mandatario no ha dado a conocer el documento ni su contenido, lo que también abrió el campo a especulaciones. “No puedo dar más detalles”, ha dicho. “Este testamento va a conocerse cuando yo deje de existir”, ha agregado. Algunos analistas cuestionaron la noción de un “testamento político” porque la Constitución ya establece los pasos a seguir en cuanto a la sucesión presidencial en casos de ausencia temporal, prolongada o la muerte del titular del Ejecutivo.
El artículo 84 refiere que en caso de falta absoluta del presidente, el Congreso deberá nombrar a un sustituto en menos de 70 días y que mientras tanto, la persona que ocupe la Secretaría de Gobernación asumiría la presidencia de forma provisional. Si el deceso se produce en los dos primeros años del sexenio se convoca eventualmente a nuevas elecciones y si sucede en los últimos cuatro, el sustituto nombrado por el Legislativo concluirá el mandato. Las críticas se centran en una visión “patrimonialista”, “autoritaria” o “personalista” del poder y por dar la espalda a los procesos institucionales ya establecidos. Otras personas aludían a un uso metafórico del “testamento” o a instrucciones para un movimiento como Morena, que ha escapado a los moldes tradicionales de los partidos políticos en México, tanto por su organización como por las banderas que defiende y los cuadros políticos que ha acogido.
El video que compartió el sábado pasado fue una de las veces que López Obrador ha hablado más abiertamente de su estado de salud. El presidente recordó que en 2013 se tuvo que someter a una operación después de sufrir un infarto. “Desde entonces, periódicamente he estado checándome. Me tomo medicamentos todos los días para controlar la presión”, ha reconocido, aunque después señaló que “hay presidente para rato”.
López Obrador ha sido el presidente de mayor edad que ha ocupado el cargo en más de 100 años y el ambiente político en México no está acostumbrado a que la salud del Ejecutivo sea un tema de la agenda política. El asunto tomó mucha fuerza, por ejemplo, en circunstancias excepcionales, como su primer contagio de covid en enero del año pasado. Entonces, en un mundo con poco acceso a las vacunas contra el coronavirus, se habló de si era necesario priorizar su inoculación, los tratamientos y los medicamentos que siguió, y la ausencia temporal del mandatario. En tres años de Gobierno, la ex secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y su sucesor, Adán Augusto López, han tenido que suplirlo durante algunos días.
Durante su segundo contagio de covid, del que se recuperó en una semana, López Obrador fue señalado por su insistencia de no utilizar cubrebocas y de no ausentarse desde que tuvo síntomas, cuestionado por el mensaje político que mandaba en medio de la expansión de ómicron en el país. Las críticas bajaron cuando se confirmó la infección, bajo un consenso de que especular sobre la salud del presidente perjudicaba al país y cruzaba las líneas de las rivalidades políticas. El hecho es que el tema de la salud del Ejecutivo había sido un tema inédito hasta esta presidencia.
Ante eso, la respuesta de López Obrador es hacer un llamado a la calma y a confiar en los partes médicos que su aparato de comunicación ha compartido en los últimos días. “Afortunadamente, salieron bien las cosas”, ha dicho el presidente, que ya analiza retomar su larga tarea de actividades y apariciones públicas por territorio mexicano. Mientras el país discute la pertinencia y desgrana la existencia de un “testamento político”, el mandatario ya planea su siguiente gira para supervisar la construcción del Tren Maya, el programa insignia de su Administración para el Sureste del país, el próximo fin de semana.
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Es reportero en México de EL PAÍS. Se especializa en reportajes en profundidad sobre temas sociales, política internacional y periodismo de investigación. Es licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y es máster por la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS.
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